ONU advierte que los megaincendios ya no son una excepción y exige reforzar la prevención frente al cambio climático
ARCHIVO: Unsplash/ Anasmeister Según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE-ONU), más de 434.000 hectáreas ya han sido destruidas por los incendios en 2026 en el continente europeo.
Redacción
Revista Digital Independiente Voz Universitaria
La temporada de incendios forestales de 2026 confirma que los megaincendios se han convertido en una de las manifestaciones más visibles de la crisis climática global. De acuerdo con información difundida por ONU Noticias, con base en un informe de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE-ONU), cerca de seis millones de hectáreas han sido consumidas por el fuego en Europa y América del Norte, una situación que, según el organismo internacional, evidencia que será imposible contener de manera sostenible estos fenómenos sin incrementar las inversiones en prevención, resiliencia territorial y adaptación al cambio climático.
En Europa, la CEPE-ONU reporta que más de 434 mil hectáreas han sido destruidas por los incendios registrados durante 2026. Francia enfrenta una de las situaciones más críticas, luego de que los incendios en la región de Gironda arrasaran cerca de 42 mil hectáreas de bosques de pino y obligaran a evacuar a decenas de miles de habitantes y turistas.
España también registra una temporada particularmente severa, con más de 200 mil hectáreas afectadas por el fuego, el doble de su promedio histórico anual. Al mismo tiempo, la Comisión Europea ha advertido sobre un desplazamiento del riesgo de incendios hacia países como Grecia e Italia.
En América del Norte, el panorama resulta aún más preocupante. En Estados Unidos han ardido aproximadamente 1.85 millones de hectáreas, mientras que en Canadá el fuego ha consumido alrededor de 3.8 millones de hectáreas, donde decenas de incendios de gran magnitud permanecen fuera de control.
Cambio climático e incendios: un círculo vicioso
La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa advierte que el cambio climático y los incendios forestales se alimentan mutuamente. El incremento de las temperaturas, las sequías prolongadas, las olas de calor y las modificaciones en los patrones de precipitación favorecen incendios cada vez más frecuentes e intensos. A su vez, estos incendios liberan enormes cantidades de gases de efecto invernadero que aceleran el calentamiento global.
Las cifras reflejan esta tendencia. En 2021, los incendios forestales emitieron aproximadamente 1,800 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂). Entre 2001 y 2023, las emisiones mundiales relacionadas con los incendios aumentaron alrededor de 60%, mientras que las correspondientes a los bosques boreales de Europa, América del Norte y Asia Central prácticamente se triplicaron.
“Cada verano nos recuerda que los incendios forestales ya no son un evento excepcional, sino una consecuencia cada vez más previsible del calentamiento global”, afirmó Paola Deda, directora de la División de Medio Ambiente y Bosques de la CEPE-ONU. La funcionaria subrayó que, si bien las labores de combate continúan siendo indispensables, la mejor estrategia consiste en fortalecer la prevención, la gestión sostenible de los bosques y la resiliencia de las comunidades.
La actividad humana sigue siendo la principal causa
La agencia de Naciones Unidas señala que aproximadamente nueve de cada diez incendios forestales tienen origen en actividades humanas, ya sea por negligencia o por acciones deliberadas.
Ante este escenario, la CEPE-ONU recomienda fortalecer las campañas de sensibilización, establecer regulaciones más estrictas, aplicar restricciones temporales durante los periodos de riesgo extremo y promover comportamientos responsables en los bosques y espacios naturales.
Además, propone adoptar una estrategia integral que combine evaluación permanente de riesgos, vigilancia, detección temprana, capacidad de respuesta y restauración de las áreas afectadas, con el objetivo de reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y de las comunidades que dependen de ellos.
Consecuencias que trascienden las zonas incendiadas
Los impactos de los incendios forestales van mucho más allá de las áreas consumidas por las llamas. La ONU advierte que estos fenómenos ponen en riesgo vidas humanas, destruyen viviendas e infraestructura y obligan al desplazamiento de poblaciones enteras.
Asimismo, el humo puede desplazarse cientos de kilómetros, deteriorando la calidad del aire y elevando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares en regiones alejadas del lugar donde se originó el incendio.
En el ámbito económico, las pérdidas también son significativas. Solo en la Unión Europea, los incendios forestales generan costos cercanos a 2,500 millones de euros anuales, derivados de daños materiales, interrupciones de actividades económicas y afectaciones a los ecosistemas.
A estos costos se suman impactos de largo plazo, como la pérdida de biodiversidad, la degradación de los suelos, la disminución de la productividad agrícola y forestal, así como los elevados recursos necesarios para restaurar los paisajes afectados.
Tecnología e innovación para anticipar el riesgo
Frente al incremento de los megaincendios, la ONU destaca que la innovación tecnológica comienza a desempeñar un papel cada vez más relevante en las estrategias de prevención.
Entre las herramientas que ya se utilizan se encuentran los sistemas de detección mediante inteligencia artificial, la vigilancia satelital y la cartografía en tiempo real de las zonas de riesgo, tecnologías que permiten identificar con mayor rapidez los focos de incendio, acelerar la respuesta de los equipos de emergencia y reducir la magnitud de los daños.
No obstante, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa enfatiza que ninguna tecnología sustituye la prevención. Para el organismo, únicamente una combinación de gestión sostenible de los bosques, adaptación al cambio climático, sistemas de alerta temprana y políticas públicas orientadas a fortalecer la resiliencia permitirá enfrentar un fenómeno que, lejos de ser excepcional, se perfila como una de las principales amenazas ambientales del siglo XXI.
Fuente: ONU Noticias https://news.un.org/es/story/2026/07/1541757