El T-MEC y las opciones de México

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Alejandro Castillo Morales*

Todo indica que usar la estabilidad cambiaria para frenar la inflación, como lo ha hecho México reiteradamente, propicia períodos de fortalecimiento del peso y está relacionada con la debilidad de la inversión productiva y con la tendencia descendente que ha seguido la Tasa de Crecimiento Promedio Anual de la economía mexicana en los últimos cinco sexenios (3.48% EZP; 1.81% VFQ; 1.38 FCH; 1.94% EPN y, 0.82 AMLO). Ahora, con la nueva Presidenta, comenzamos con un crecimiento anual de 0.50% en 2025. Eso ha propiciado un casi estancamiento económico para un país con más de 120 millones de habitantes, con el agravante de que se disponen de pocos recursos para la construcción y mantenimiento de obra pública básica

De acuerdo con las series del PIB de las naciones, que elabora el Banco Mundial, en dólares a precios constantes de 2015, en 25 años, entre el año 2000 y 2025, México logró un crecimiento acumulado de sólo 43.2%. Ese fue un desempeño semejante e incluso superior al registrado por economías con alto desarrollo y con monedas muy fuertes como Alemania y Austria, que operan con el Euro desde 2002. Sin embargo, es muy inferior al avance de 69.2% registrado por Estados Unidos, o del 74.8% que alcanzó Brasil y mucho menos de los incrementos acumulados en esos 25 años por países que tenían más rezago económico que México, pero con una política cambiaria diferente, como son los casos de los crecimientos de 131.9% de Corea, 207.3% de Singapur, de 361.4% de India, 368.0% de Viet Nam, 443.9% de Camboya, y 586.7% de China.

Mientras en Latinoamérica predominaba el Consenso de Washington, en los últimos quinquenios los países emergentes de Asia coincidieron en la aplicación de políticas económicas que les permitieron multiplicar su producción, con una aparente complementariedad o en intensa competencia, considerando la presencia en la región de China, India y Japón. En particular, entre 2000 y 2010 China y seguramente algunos de sus vecinos, impulsaron y aprovecharon el boom de consumo de Estados Unidos derivado de la especulación financiera que concluyó con la crisis inmobiliaria en 2008. En los años siguientes, derivado de la liquidez que se inyectó para superar la crisis, el dólar tendió a la subvaluación. No sucedió lo mismo con el resto de las economías de Europa y América, que han mantenido estrategias basadas en monedas fuertes.

Hasta antes de que llegara Trump, México basaba su desarrollo en aprovechar su posición geográfica, atrayendo inversiones extranjeras para que en el marco del TLC, y después del T-MEC, desde aquí, con partes y componentes nacionales e importados, las empresas produjeran valor agregado con la fuerza de trabajo nacional para, en un esquema nearshoring, abastecer de bienes terminados al mercado estadounidense. A eso hay que añadir que México también se benefició de la migración, que permite reducir la presión de los mexicanos que por la falta de crecimiento no pueden desarrollar sus capacidades en nuestro país.

Hoy esa posición está en riesgo, dado el interés de Estados Unidos de recuperar su capacidad productiva. El problema está en que ha puesto atención en los avances que han logrados sus vecinos que, como lo demuestra la evolución de sus respectivo PIB, todo indica que realmente no hemos sido los más beneficiados. De hecho, en el caso de México, la política pública ha sido incapaz de crear las condiciones que permitan reducir la inflación con eficiencia para reducir la sobrevaluación cambiaria. O, en su caso, ha impedido que la paridad se ajuste a la pérdida de competitividad, de modo que las empresas que se incorporan como proveedores de partes y componentes en el marco del T-MEC, tienen problemas para recuperar sus costos, a grado tal que el mayor beneficio que ha obtenido México es la maquila de algunas de las operaciones de los procesos industriales.

Independientemente de lo que pase con USA, a México le urge adoptar estrategias que permitan aumentar la inversión nacional, con una normatividad que establezca reglas que propicien el desarrollo sin privilegios; es necesario incentivar la capacitación laboral y productiva y desarrollar cadenas de producción con mayor tecnología.

México debe reducir la inflación y mejorar su competitividad mediante seguridad pública, productividad, obra pública diseñada y construida de manera transparente y que proporcione eficiencia y propicie inversiones.

Por otra parte, la conformación de regiones que compiten con América del Norte abre la posibilidad de promover un mejor trato entre los socios comerciales del T-MEC quienes, por cierto, son garantes de la paz en la región. El T-MEC debe basarse en acuerdos constructivos, respetuosos de los intereses particulares de cada nación, con reglas claras. El acuerdo trinacional debe considerar establecer una política común de tipos de cambio competitivos con relación a las otras regiones y estrategias de desarrollo con esquemas de ganar-ganar. México, además, debe demandar el respeto a los derechos humanos y laborales, en particular de los descendientes de mexicanos y latinos con ciudadanía estadounidense, de los trabajadores temporales y de los indocumentados que en su caso sean repatriados..

Además, dada la sensibilidad que tiene en los tres países la agricultura, se debe analizar la conveniencia de dejarla fuera de las disposiciones del Tratado, y permitir que, sin subsidios, cada país aproveche su ventaja competitiva respecto a los otros dos integrantes del T MEC, con la orientación de que los excedentes se comercialicen fuera de la región.

Tenemos retos muy grandes, debemos generar soluciones.

*Analista Económico