#49 Foro Digital de Ciencias Políticas y Sociales. La guerra cognitiva: la mente humana como el nuevo campo de batalla

Imagen Foro Guerra Cognitica

Especialistas del estado de Morelos advierten que las nuevas formas de confrontación buscan influir en las percepciones, decisiones y comportamientos de las sociedades mediante el uso estratégico de la tecnología y la información

Revista Digital Independiente Voz Universitaria

Cuernavaca, Morelos. Las guerras ya no comienzan necesariamente con una declaración formal, ni se libran únicamente mediante ejércitos, misiles o la ocupación de territorios. En pleno siglo XXI, la disputa por el poder incorpora un nuevo escenario: la mente humana. Bajo esta premisa, el viernes 17 de julio de 2026 se desarrolló el #49 Foro Digital de Ciencias Políticas y Sociales, organizado por la Revista Digital Independiente Voz Universitaria, dedicado al análisis del tema ¿Qué es la guerra cognitiva? Objetivos, técnicas y afectaciones.

Durante poco más de una hora de diálogo, el Mtro. Raúl Abraham López Martínez, profesor de tiempo completo de El Colegio de Morelos; el Dr. Alfredo Silva Brito, moderador del encuentro; el Mtro. Antonio Ponciano Díaz, analista político y articulista de La Jornada Morelos; el Arq. César Carrizalez, profesor de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos; y el Dr. Cristian Alfredo Ospina de la Cruz, académico de la Universidad Politécnica del Estado de Morelos, coincidieron en que la guerra cognitiva representa uno de los mayores desafíos políticos, tecnológicos y culturales del siglo XXI, pues traslada el conflicto desde los campos de batalla tradicionales hacia la percepción, la información y la conciencia de las personas.

Una guerra distinta

La primera parte del foro estuvo dedicada a precisar qué debe entenderse por guerra cognitiva y cuáles son sus diferencias con las guerras convencionales.

Raúl Abraham López Martínez explicó que, mientras los conflictos tradicionales se encuentran regulados por un amplio conjunto de normas del derecho internacional —como la Carta de las Naciones Unidas, los Convenios de Ginebra y diversos tratados sobre armamento—, la guerra cognitiva carece todavía de un marco jurídico específico. A diferencia de las guerras convencionales, señaló, su objetivo ya no consiste en ocupar territorios o destruir infraestructura estratégica, sino intervenir directamente sobre las percepciones y la capacidad de decisión de la sociedad. En ese sentido, afirmó que “el conjunto de la sociedad y, en particular, las percepciones, las mentes, la psique de las personas. Ese es su objeto bélico”.

Para Cristian Alfredo Ospina de la Cruz, esta transformación ya puede observarse en la vida cotidiana. La proliferación de noticias falsas, contenidos emocionales y mensajes contradictorios ha generado un escenario donde resulta cada vez más difícil distinguir entre la verdad y la mentira. “Ya no sabemos qué es realmente lo que nos está mostrando”, advirtió, al tiempo que sostuvo que uno de los principales efectos consiste en que “ahorita lo que se destruye es la cohesión social”, dando paso a la polarización y a una creciente desconfianza entre las personas.

El lenguaje también es un territorio en disputa

Uno de los enfoques más filosóficos fue desarrollado por el arquitecto César Carrizalez, quien planteó que la guerra cognitiva no nació con internet, sino que las tecnologías digitales han multiplicado exponencialmente su alcance.

Apoyándose en Wilhelm von Humboldt, Martin Heidegger y Gilles Lipovetsky, sostuvo que el ser humano habita el mundo a través del lenguaje y recordó la conocida afirmación de Heidegger de que “la palabra es la morada del ser”. Sin embargo, advirtió que actualmente vivimos una “inflamación semántica de las palabras”, donde conceptos fundamentales como libertad, democracia o verdad comienzan a vaciarse de contenido y a perder capacidad para orientar la vida pública.

Para ilustrar esta idea recordó el caso de dos jóvenes linchados en una comunidad mexicana después de que un mensaje difundido en Facebook los señalara falsamente como secuestradores. Aquella historia, afirmó, mostró cómo una narrativa digital puede sustituir a los hechos y desencadenar consecuencias irreversibles.

Del control de la información al control de la mente

Antonio Ponciano Díaz explicó que la guerra cognitiva representa una evolución de la antigua guerra de la información. Si antes el objetivo consistía en controlar aquello que la población sabía, ahora la disputa busca modificar directamente la manera en que las personas interpretan esa información.

Por ello afirmó que “el campo de batalla es en la mente” y que la finalidad consiste en “hackear y manipular al cerebro humano para alterar la percepción y modificar el comportamiento y controlar la toma de decisiones de los sujetos”.

Raúl Abraham López Martínez complementó esta idea al señalar que la guerra cognitiva debe comprenderse desde la relación entre Estado, tecnología y poder. Recordó que la Segunda Guerra Mundial marcó el inicio de una estrecha vinculación entre comunidades científicas y desarrollo tecnológico con fines militares; sin embargo, el escenario cambió radicalmente con la aparición del big data, las redes sociales y, especialmente, la inteligencia artificial. Casos como Cambridge Analytica demostraron que los datos personales pueden convertirse en instrumentos de influencia política a gran escala.

Guerra cognitiva, geopolítica y construcción de narrativas

Durante su intervención, López Martínez sostuvo que la guerra cognitiva debe analizarse también como una estrategia geopolítica mediante la cual los Estados buscan legitimar sus acciones en el escenario internacional. Desde esa perspectiva, afirmó que el conflicto entre Israel y Palestina constituye un ejemplo contemporáneo de esta forma de confrontación, al considerar que Estados Unidos e Israel recurren a narrativas sustentadas en conceptos como la libertad, la seguridad y la defensa nacional para justificar sus actuaciones militares.

El académico señaló que, desde su análisis, existe una estrategia de comunicación orientada a influir sobre la opinión pública internacional y, particularmente, sobre América Latina. En ese sentido, afirmó que el gobierno israelí ha impulsado contenidos en español en redes sociales con el propósito de fortalecer la legitimidad de sus acciones frente al conflicto. Para López Martínez, este tipo de prácticas ilustran cómo la disputa contemporánea ya no sólo ocurre mediante el uso de la fuerza, sino también a través de la construcción de narrativas capaces de moldear la percepción social.

Una guerra permanente

Los participantes coincidieron en que la guerra cognitiva ya no necesita una declaración formal para comenzar.

Cristian Alfredo Ospina recordó que muchas de las advertencias formuladas décadas atrás por George Orwell en 1984 o por Michel Foucault en Vigilar y castigar hoy adquieren una nueva vigencia. “Ya es una guerra que no necesita ni siquiera ser declarada”, afirmó, al explicar que los algoritmos modifican el comportamiento de millones de personas aun cuando éstas no sean plenamente conscientes de ello.

Para César Carrizalez, el fenómeno tiene otra consecuencia preocupante: la sobreabundancia de información no necesariamente produce sociedades mejor informadas. Por el contrario, advirtió que “la verdad… ya no importa”, pues los acontecimientos se conocen en tiempo real, pero ello no garantiza una mayor conciencia ni una participación más activa de la ciudadanía.

Narrativas, algoritmos y geopolítica

Antonio Ponciano Díaz identificó dos grandes escenarios donde actualmente se desarrolla la guerra cognitiva. El primero corresponde al ámbito geopolítico, visible en conflictos como Rusia-Ucrania, Israel-Irán y las tensiones entre China y Taiwán. El segundo se libra diariamente dentro de las plataformas digitales, mediante la construcción deliberada de narrativas, campañas de desinformación y estrategias orientadas a influir sobre la opinión pública.

En ambos casos, sostuvo, el propósito consiste en moldear las percepciones sociales para favorecer intereses políticos, económicos y estratégicos de gobiernos, corporaciones y otros actores internacionales.

Pensamiento crítico frente a la guerra cognitiva

Las conclusiones del foro coincidieron en un punto central: la principal defensa frente a la guerra cognitiva sigue siendo el pensamiento crítico.

Raúl Abraham López Martínez recordó que incluso los documentos estratégicos de seguridad nacional de Estados Unidos y de la OTAN reconocen ya el dominio cognitivo como un nuevo espacio de confrontación junto con los ámbitos terrestre, marítimo, aéreo, espacial y cibernético. Añadió que, particularmente en América Latina, los Estados muestran capacidades limitadas para responder a este tipo de amenazas, por lo que consideró indispensable fortalecer una academia comprometida con los problemas de su tiempo y capaz de incentivar la reflexión crítica frente al uso político de las tecnologías digitales.

Por su parte, Antonio Ponciano Díaz propuso tres acciones concretas para la ciudadanía: practicar una “diversificación activa” de las fuentes de información; adoptar una “dieta de atención o el ayuno de la dopamina”, reduciendo la exposición permanente a dispositivos digitales; y fortalecer la capacidad de análisis mediante la lectura crítica y el contraste de perspectivas.

Cinco claves para entender la guerra cognitiva

  • La guerra cognitiva constituye un nuevo dominio de confrontación. Su objetivo principal es influir en las percepciones, emociones y decisiones de las personas.
  • La tecnología amplifica las capacidades de influencia. Inteligencia artificial, algoritmos, big data y redes sociales permiten intervenir sobre la opinión pública con una eficacia sin precedentes.
  • La disputa también ocurre a través de las narrativas. La desinformación, la polarización y la manipulación del lenguaje forman parte de las estrategias contemporáneas de poder.
  • El pensamiento crítico es la principal defensa. Contrastar fuentes, reflexionar y diversificar la información son prácticas indispensables para reducir la vulnerabilidad frente a estas formas de manipulación.
  • La academia tiene un papel estratégico. Comprender la guerra cognitiva exige enfoques interdisciplinarios que articulen ciencia política, tecnología, comunicación, filosofía y estudios sociales.

Un debate que apenas comienza

Al cerrar el encuentro, el moderador Alfredo Silva Brito destacó la importancia de abrir espacios de reflexión sobre fenómenos que apenas comienzan a estudiarse desde las ciencias sociales. Más allá de las diferencias de enfoque entre los participantes, el foro dejó una conclusión compartida: si durante siglos las guerras se disputaron por el control de territorios, hoy también se libran por el control de las percepciones, las emociones y las narrativas que moldean la vida pública.

En una sociedad profundamente digitalizada, comprender esa transformación deja de ser únicamente una tarea académica. Se convierte en una condición indispensable para fortalecer la democracia, preservar la autonomía de las personas y construir una ciudadanía capaz de ejercer el pensamiento crítico frente a las nuevas formas de poder.