Medir la “estabilidad” importada
Alejandro Castillo Morales
Analista Económico
En junio de este año, funcionarios de la Unión Europea llamaron la atención acerca del déficit que tiene esa región con China y lo atribuyeron en buena medida a la subvaluación del Yuan con respecto al Euro. Anteriormente, Estados Unidos ya había cuestionado esa estrategia de China. Desde la primera década del Siglo, siendo vicegobernador de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke señalaba el crecimiento de la deuda de su país, porque se había convertido en deudor, principalmente del gigante asiático.
Ya habíamos mencionado que buena parte del acelerado crecimiento de China fue posible gracias, entre otras acciones, a su estrategia para mantener márgenes de subvaluación. Eso lo lograba invirtiendo sus excedentes en Estados Unidos, modificando su tipo de cambio nominal, aumentando su competitividad, lo que le permitió reducir su inflación, abaratar sus exportaciones y captar valor agregado generado en otras economías. Con políticas adecuadas, retroalimentó sus inversiones, aumentó su capacidad instalada, fortaleció su infraestructura, proporcionó seguridad, educación y salud; así, más eficiencia, disposición de recursos y capacidad de reproducir el proceso manteniendo baja la inflación, le permitieron incrementar su producción y exportaciones. En la primera década de este siglo, eso convirtió a China en el motor de la producción de manufacturas y un gran demandante de materias primas. Ahora Estados Unidos trata de aplicar una estrategia semejante, con la subvaluación del dólar y los aranceles impuestos por Trump.
No hay que olvidar que la paridad no se sostiene sólo como una medida administrativa, sino que está soportada por la competitividad de cada economía y por la masa monetaria que la representa. Hoy la subvaluación del dólar se basa en el exceso de liquidez, que sin un aumento de su productividad y eficiencia, implica el riesgo de generar inflación. Está por verse cuál será el resultado de la estrategia de Trump.
Independientemente de lo que pase con USA, México debe corregir su estrategia. Vale recordar que fue a raíz de que EU abandonó el patrón oro en 1971 y el sistema de monedas se ajustó al valor fiduciario, es decir al grado de confianza que se reconocía a cada economía para mantener el valor de su moneda. A partir de la crisis de 1982, el Banco de México y las diferentes administraciones gubernamentales, siguiendo los lineamientos de las instituciones y acuerdos internacionales en condiciones de apertura comercial, han procurado mantener la paridad, bajo el supuesto de que eso permitirá poder importar los bienes que ayudarán a contener la inflación y lograr la estabilidad. Cuando México ha dispuesto de excedentes -por ejemplo, por el petróleo o las remesas-, ha tenido éxito en esa forma de contener la inflación.
El problema está en que ese esquema se basa en importar la baja inflación del exterior, mientras lo permitan los recursos. Es un autoengaño que se ha reproducido durante décadas, que ha impedido tomar medidas para aumentar la productividad interna. El ejemplo del maíz importado que sustituye al maíz nacional es una muestra.
Para evaluar el efecto que esto tiene en el nivel de sobrevaluación, el INEGI y el Banco de México deben precisar cuánto de la reducción de la inflación corresponde a una contribución de los bienes importados y cuánto corresponde a la estructura productiva del país. El objetivo central de la política monetaria de mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional, no puede ignorar que parte de la contención del INPC, se debe a las importaciones que cuestan recursos que deberían destinarse a la inversión y la producción nacional.
Más aún, la SHCP, el Banco de México y el INEGI no pueden asumir que la estrategia proteccionista de Trump o la situación de debilidad del dólar representan un beneficio para que México mantenga baja la inflación, a costa de su necesidad de invertir y crecer.
Hay que tener presente que, de acuerdo con los indicadores de Oferta y Demanda Agregadas, del INEGI, la participación de las importaciones en la Oferta Agregada en México pasó de representar 13.6% en 1993, a 33.6% en el primer trimestre de 2026.
Considerando lo anterior, es necesario que la SHCP, Banxico y el INEGI incorporen al Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) la evaluación de la contribución de los bienes de consumo importado, al comportamiento de la inflación. Esa información permitirá identificar, primero, el reto que enfrenta la economía nacional para mejorar la calidad y bajar los precios de los bienes nacionales para que compitan con los importados; segundo, permitirá saber el costo de la política de bajar la inflación usando los recursos disponibles en el país, en lugar de usarlos para invertir y crecer, y tercero, permitirá contar con información para adoptar medidas que protejan a la economía mexicana de la política proteccionista y la devaluación competitiva que desarrolla actualmente la administración Trump.