Inteligencia artificial y educación: pensamiento crítico frente a la transformación tecnológica
Raúl Abraham López Martínez*
La incorporación de la inteligencia artificial en la educación ha comenzado a modificar no solamente prácticas de enseñanza y aprendizaje, sino también las formas en que concebimos el conocimiento, la evaluación y la relación entre tecnología y sociedad.
Durante mucho tiempo, cada gran innovación tecnológica vino acompañada de promesas de democratización del conocimiento, acceso universal a la información y transformación positiva de la sociedad. Ocurrió con internet, con las plataformas digitales y ahora vuelve a suceder con la inteligencia artificial. La experiencia histórica demuestra que muchas de esas promesas no se concretaron plenamente y, en varios casos, terminaron profundizando desigualdades ya existentes.
En el ámbito educativo, esta transformación ya comienza a generar cambios importantes en la manera en que se desarrollan procesos de aprendizaje, formas de evaluación y dinámicas de interacción dentro de las aulas. El debate actual ya no puede reducirse únicamente a la incorporación de nuevas plataformas tecnológicas o al aprendizaje técnico de determinadas herramientas digitales. Lo que está en discusión es la manera en que las instituciones educativas responderán frente a tecnologías capaces de reconfigurar dinámicas de formación, producción de conocimiento y relaciones sociales.
Uno de los principales desafíos consiste en reconocer que la inteligencia artificial ya tiene una presencia amplia en la educación superior mexicana. Así lo confirma el reciente estudio realizado por la Secretaría de Educación Pública sobre usos y percepciones de la inteligencia artificial generativa en instituciones públicas y privadas del país. El diagnóstico confirma algo que ya podía observarse empíricamente: docentes y estudiantes utilizan cada vez más herramientas de IA en sus actividades académicas cotidianas.
El mismo estudio señala que las normales públicas y universidades interculturales aparecen entre las instituciones que menos han incursionado en el uso de inteligencia artificial, lo que evidencia el riesgo de que estas tecnologías se conviertan en nuevos factores de desigualdad educativa.
En este contexto, resulta indispensable reconocer que la inteligencia artificial no es una herramienta neutral. Detrás de su desarrollo existen grandes corporaciones tecnológicas, inversiones multimillonarias, intereses geopolíticos y proyectos de poder que deben ser observados críticamente. La inteligencia artificial tiene una cuna concreta, principalmente vinculada al desarrollo tecnológico impulsado desde Estados Unidos, y mantiene relaciones estrechas con grupos empresariales y estructuras de poder global.
La discusión no debe centrarse únicamente en incorporar más tecnología por incorporar tecnología. Lo verdaderamente importante es preguntarnos para qué queremos estas herramientas y bajo qué principios serán utilizadas en la educación.
Para comprender lo que está sucediendo con la inteligencia artificial y la educación, podemos retomar el enfoque del análisis sociotécnico, el cual sostiene que es necesario comprender que las tecnologías forman parte de la propia condición humana. Como plantea el investigador Hernán Thomas, somos seres sociotécnicos; es decir, la sociedad y la tecnología se construyen mutuamente. No existe un ser humano completamente separado de la técnica, ni tecnologías completamente desligadas de los procesos sociales.
Este enfoque permite abandonar tanto los determinismos tecnológicos, que presentan a la tecnología como una fuerza inevitable e incontrolable, como las visiones que minimizan su impacto en la vida contemporánea. Al mismo tiempo, permite comprender que las decisiones sobre inteligencia artificial y educación no son únicamente técnicas, sino también políticas, culturales y sociales.
Otro aspecto relevante consiste en reconocer que vivimos en un escenario de incertidumbre. No existen certezas absolutas respecto al rumbo que tomará la inteligencia artificial en las próximas décadas. En este sentido, el pensamiento complejo de Edgar Morin ofrece herramientas importantes para comprender la necesidad de actuar críticamente frente a escenarios inéditos y cambiantes.
Asumir la incertidumbre no significa paralizarnos. Significa reconocer nuestra capacidad de agencia: la posibilidad de responder creativamente y construir alternativas sociales frente a los desafíos tecnológicos contemporáneos.
Dentro del ámbito educativo, uno de los riesgos más delicados consiste en que la respuesta institucional frente a la inteligencia artificial derive en mecanismos de vigilancia y criminalización dentro de las escuelas y universidades. De incurrir en esta lógica, la relación entre inteligencia artificial y educación podría terminar reducida a un tema de tipo policiaco. La escuela no puede convertirse en un espacio penitenciario; por el contrario, debe abrir espacios para el pensamiento crítico, la creatividad, la reflexión ética y el aprendizaje colectivo.
El gran reto consiste en evitar que la inteligencia artificial sea utilizada únicamente de manera mecánica, superficial o acrítica dentro de los procesos educativos. Hoy contamos con herramientas tecnológicas extremadamente poderosas que pueden contribuir a fortalecer el aprendizaje, reducir cargas administrativas y ampliar el acceso al conocimiento.
En el ámbito educativo, esto implica formar estudiantes con capacidad de análisis, interpretación, creatividad y reflexión ética. Significa también fortalecer el papel de las y los docentes como mediadores críticos del conocimiento y no solamente como operadores técnicos de plataformas digitales.
La discusión de fondo no consiste únicamente en incorporar inteligencia artificial a las aulas, sino en definir qué tipo de educación queremos construir en medio de esta transformación tecnológica: una educación subordinada a las dinámicas de la inteligencia artificial, o una educación capaz de formar ciudadanos críticos, conscientes y socialmente responsables frente a los desafíos del siglo XXI.
*Profesor en El Colegio de Morelos