#ESCENARIO POLÍTICO El presidencialismo y los sistemas de partido

Daniel Adame Osorio*

Los sistemas parlamentarios funcionan mejor con partidos disciplinados, afirma el politólogo Juan Linz y esto también fortalece el funcionamiento de los sistemas presidenciales, pues la excesiva indisciplina dificulta la relación razonable y estable entre el gobierno, los diversos partidos y la rama legislativa. Un mínimo de disciplina partidaria ayuda al presidente a lograr acuerdos estables en el congreso, acuerdos que los legisladores podrían respetar y cumplir. En los regímenes democráticos donde prevalezca la indisciplina partidaria y legislativa poco puede asegurarse el cumplimiento de los pactos políticos de conciliación y acciones de gobierno. En estas condiciones, el presidente se ve fuertemente inclinado a apoyarse en bases políticas que alientan el clientelismo y el patronazgo. La disciplina partidaria dependerá de la forma en que organiza la elección de candidatos, pues así los legisladores tienen incentivos para seguir la línea del partido y para ser considerado a contender en elecciones. El autor también determina que la fragmentación del sistema de partidos incrementa el conflicto y la indisciplina partidaria, proponiendo que se limite la fragmentación partidaria o bien se logre formar frecuentemente coaliciones de gobierno y de iniciativas legislativas, para así asegurar que se guarde un mínimo de disciplina en los partidos contendientes.

Estamos de acuerdo con el autor en que el sistema democrático, ya sea parlamentario o presidencial, pero especialmente el último por ser nuestro contexto, requiere de un mínimo de disciplina por parte de los partidos políticos, puesto que fortalece la legitimidad del sistema en su conjunto. Nuestra democracia requiere congruencia tanto del partido en gobierno como de la oposición para que podamos aspirar a niveles más estables de democratización. Sin embargo, no respaldamos la propuesta de limitar la fragmentación del sistema de partidos, puesto que México ha luchado por la representación de las minorías que buscan incidir en las decisiones gubernamentales. La disciplina de partido debería buscarse por la vía de las coaliciones y negociación parlamentaria. La disciplina de partido no es el manoseo interno en que se desempeña Morena. La disciplina de partido no debiera reproducir la aplanadora que, antes como ahora, no genera pactos políticos estables, sino la subordinación al presidente, como el caso de la aprobación de las leyes educativas en medio del chantaje de la CNTE, generando la percepción de un Estado no tan fuerte en su solidez institucional y de un presidente no tan poderoso como declarativamente hace ver a los diversos públicos cada mañana.

*Politólogo, periodista, académico. Director Editorial: ESCENARIO POLÍTICO.

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