La responsabilidad social de la Universidad Veracruzana

Jorge Manzo Denes*

Uno de los ejes sobre los que se construirá la propuesta de mi programa de trabajo para la UV es la responsabilidad social, concepto que se origina en el ámbito empresarial. Primeramente, se planteó como un posicionamiento normativo para que la producción y los negocios no agredieran al medio ambiente, así como para establecer compromisos de desarrollo personal, familiar y comunitario con los empleados.

Así, las “empresas socialmente responsables” crearon programas de reforestación si su negocio estaba relacionado con la tala de árboles, para financiar estudios en áreas protegidas, fundaciones para dar becas, o simplemente para construir instalaciones deportivas para sus trabajadores, o servicios para la comunidad de incidencia.

En fin, se trató de dar ejemplos de programas y acciones que mostraran que no solamente se asumía el objetivo del negocio, sino que se estaba tomando cierto compromiso con la sociedad.

Este concepto permitió unificar los temas del cuidado medioambiental, vinculación comunitaria y el desarrollo del personal. La responsabilidad social pronto se incorporó a las políticas empresariales y públicas, y de esta manera se adoptó en los más diversos tipos de organizaciones; actualmente encontramos el concepto en muchos discursos universitarios y aparece con frecuencia en los planes de desarrollo de la mayoría de las instituciones de educación superior (IES).

Ahora bien, las políticas se hacen realidad a partir de programas y acciones que, por supuesto, deben ser acompañadas de financiamiento. Así, programas como reciclaje, cuidado de los recursos naturales, ahorro de energía, atenuación del desperdicio, etc., se pusieron como ejemplos de “responsabilidad social” en las IES y se recuperó lo que en éstas se venía haciendo con la extensión de los servicios y la vinculación social: brigadas universitarias, apoyo a grupos vulnerables, programas de promoción de la cultura (grupos artísticos, principalmente), etcétera.

También se tomaron en cuenta los programas que cada Facultad, Centro o Instituto, habría realizado en pro de problemas sociales, de aquellos que tienen los gobiernos locales, las organizaciones civiles, las empresas y los negocios, sobre todo, se recuperó el trabajo desarrollado con y para las pequeñas empresas.

De esta manera se le dio un amplio contenido al concepto de responsabilidad social universitaria, y pronto se dijo que “la Universidad cumple con su responsabilidad social”, y aunque seguimos haciendo lo mismo, pero con un poco de maquillaje, afirmamos que estamos a la vanguardia. No obstante, si revisamos el concepto, éste plantea un gran reto para las IES; abordarlo integralmente y hasta sus últimas consecuencias puede significar un cambio sustantivo y una disruptiva y verdadera innovación organizacional; así lo veo, y por eso considero que debe ser un eje de mi propuesta.

La Universidad Veracruzana tiene un pendiente muy importante con sus recursos humanos, sobre todo con los cientos de trabajadores no sindicalizados, destacando aquellos que no cuentan ni siquiera con las condiciones laborales mínimas, ni prestaciones y derechos laborales: hablo de los trabajadores eventuales y de los que están adscritos por contrato, aunque muchos acumulan varios años laborando ininterrumpidamente.

Pero también se debe considerar a los trabajadores administrativos para los que no hay acceso a un programa de formación y desarrollo. También es necesario revisar el programa de formación y actualización del personal académico, porque se está exigiendo un cambio generacional que no se ha planeado y programado.

La responsabilidad social de la UV se deberá definir comenzando por una revisión de lo que se hace internamente, con los recursos humanos y materiales, con el agua, con la energía eléctrica, con nuestro entorno ambiental. Esto merece una refundación de muchos programas que han caído en la obsolescencia, o bien, que se han anquilosado y han dejado de ser funcionales.

Debemos redefinir la responsabilidad social ante el trato que la Universidad brinda a sus estudiantes, académicos y trabajadores, es decir, a aquellos que le dan vida y son su esencia. Después, hay que considerar también a las familias y comunidades de estos grupos. Seguido de esto, habrá que revisar las acciones de vinculación, de seguimiento de egresados y de extensión de los servicios.

Obviamente, no podemos decir que la UV no tenga acciones de vinculación ni de extensión de los servicios, tiene muchas; no podemos decir que no se capacite a los trabajadores, se hace en cierta medida; tampoco se puede decir que no sea ejemplar en ciertos rubros; lo es, y estoy seguro de que lo seguirá siendo a pesar de que no exista una gestión que lo promueva, ni un eje programático de responsabilidad social.

Sostengo que no se trata de seguir igual, reproduciendo lo que a todas luces requiere cambios y mejoras. Es tiempo de ser disruptivos y redefinir estos conceptos para precisar las políticas institucionales, acordes con la responsabilidad social e histórica de la institución. Porque si con alguien tiene un compromiso la UV, es con la sociedad; es a ella a quien se debe y es a ella a la que debe servir ejemplarmente.

En síntesis, este concepto plantea una gran área de oportunidad, misma que asumiré como un reto y, en su momento, compartiré los lineamientos de mi plan de trabajo que someteré a la revisión de la comunidad.

*Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), Nivel 2, así como de la Academia Mexicana de Ciencias. Profesor-Tutor del Posgrado en Ciencias Biomédicas de la UNAM y ha sido evaluador de artículos para publicación en revistas internacionales, así como de proyectos de investigación en el Conacyt. Fue Coordinador de la Maestría y Doctorado en Neuroetología y profesor de base del Doctorado en Investigaciones Cerebrales, ambos de la Universidad Veracruzana (UV)-UV. Comentarios y sugerencias: [email protected]